20 agosto 2016

FACILITAR EL CUENTO



Como un recurso terapéutico, con adultos, en ocasiones me valgo de un libro de cuentos, habiendo algunos de fácil lectura como los libros de Jorge Bucay; “Aplícate el Cuento. Relatos de Ecología Emocional” de Jaume Soler y Mercé Conangla, y otros de mediana complejidad como “Reflecciones Diarias” de Paulo Coelho, y otros más complejos como los de Alejandro Jodorowsky “La Sabiduría de los Cuentos” y “La Sabiduría de los chistes”. Otros libros que se pueden aprovechar son los libros sagrados (La Biblia y demás), libros de superación personal que contienen cuentos, frases y reflexiones, por ejemplo de autores como Anthony de Mello, Jack Canfield y sus Sopas de Pollo para el Alma, etcétera; además de libros de cuentos y leyendas de países como México, India, Arabia, entre otros.
Suelo facilitar que un consultante abra "al azar" (no hay casualidades) un libro de cuentos y el cuento que le sale (prefiero la página derecha o a veces también la izquierda) puede interpretarlo como una respuesta si es que se concentró en obtener una, o puede proyectar lo que le haga fondo en ese momento y facilitarle el que lo haga figura y se de cuenta. En fin, y hay otras variantes que uso con libros de cuentos y de frases.
Dice Beatriz Souza: “También en sesión de grupo se puede compartir la lectura del cuento e ir trabajando con lo que hace figura en cada uno de los participantes”.
Recuerdo que Jorge Bucay comercializó “El Juego de los Cuentos”, con sus respectivas indicaciones para la escucha de esos cuentos.
Actualmente, disponemos del Internet para también hacer uso de cuentos en video, me estoy acordando en este momento de "El Patito Feo", por ejemplo.
En algunas ocasiones he usado papelitos con números, dados o que simplemente piense en un número de dos o tres cifras (que abarque entre los números de la primera y la última página del respectivo libro).
A veces, le digo al consultante que ponga su mano izquierda sobre el libro, cierre sus ojos, se concentre en el problema o conflicto a tratar y que pida (al Universo, a Dios o a quien quiera) un mensaje o alternativa de solución a través de un cuento que encontrará en ese libro al abrirlo.
En otras ocasiones, cuando el consultante no sabe leer le leo el cuento, tratando de expresar el aspecto dramático que transmite.
En una sesión reciente, para que se instalara de una manera más eficiente una frase motivadora (bíblica o de autoayuda) les facilité a los interesados a que crearan imágenes grandes y coloridas con las palabras claves de esa frase, además de estimularse bilateralmente en sus rodillas.
Ha habido momentos en que el cuento lo facilito al inicio o al final de una sesión, o incluso no lo tomo en cuenta, según mi intuición con esa persona y esa circunstancia.
No todos tienen la habilidad para contar un cuento, por eso aquí se ha enfatizado el que el propio consultante lea el cuento (en silencio o hablando) según prefiera. A mí no se me da el contar cuentos, aunque sí el contar anécdotas propias o de otros, mencionar frases célebres y refranes.
O sea, que maneras creativas puede haber muchas, siendo lo más importante no el contenido del cuento sino más bien lo que procese y trabaje el consultante, como lo son sus proyecciones, polaridades, miedos, traumas y demás conflictos.
En ocasiones les menciono una o más de las siguientes preguntas:
¿Qué es lo que más te gustó de este cuento?
¿Qué es lo que menos te gustó de este cuento?
¿Con qué te conectó de tu historia de vida?
¿Con cuál personaje del cuento te identificas?
¿Qué palabra o frase te impactó y de qué manera?
¿Qué mensaje encuentras en este cuento?
¿De qué te das cuenta?
¿Qué aprendes o cuál es tu moraleja?
Sobre la marcha en la retroalimentación irá emergiendo material para procesarlo, integrarlo o reprocesarlo, según el enfoque que se utilice, y en esto se puede ir la sesión y tal vez hasta se continúe en la siguiente, si lo amerita la complejidad de lo trabajado.
Hablo de cuentos, frases y reflexiones porque obviamente me estoy refiriendo también a la importancia de las metáforas a nivel inconsciente, y que en ocasiones no es obligatorio forzar a hacer consciente lo que le mencionamos al consultante de manera intercalada o encubierta en la sesión.

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