08 marzo 2014

FOCUSING, DESDE ROGERS A GENDLIN

El Focusing o Psicoterapia Experiencial nace en el contexto de la “Psicoterapia centrada en el cliente” y es considerada por autores como Hart (1970) y Gondra (1981) la tercera o última fase de la teoría de esta terapia. Eugene Gendlin comenzó a trabajar con Rogers cuando se encontraba terminando su doctorado en filosofía. Carls Rogers lo admitió en su Práctica en la universidad de Chicago pensando que un filósofo podía aportar algo distinto, como efectivamente resultó.

La formación de Gendlin  en el pensamiento existencialista y metodología fenomenológica, las investigaciones realizadas tanto con pacientes esquizofrénicos como con pacientes exitosos, así como los esfuerzos por superar las dificultades prácticas y teóricas de los postulados de Rogers, fueron a la vez la inspiración y el motor que dio origen a su teoría, formulada por primera vez en 1955, junto con Zimring en el artículo “The qualities of experiencing and their change”.

La terapia centrada en el cliente (segunda etapa de la terapia rogeriana) acentúa mucho más que la no directiva (primera etapa) el aspecto personal de la interacción humana entre cliente y terapeuta, de modo que este último tenía que comunicar a su cliente sus propias actitudes de respeto y confianza, lo que supone un tipo de relación mucho más profundo que el técnico.
Otro aspecto que marcó la transición derivó de los esfuerzos por describir el proceso de terapia. El insight era una de las fases del proceso terapéutico, siendo esencial en la formulación de su incipiente teoría de la terapia. Esta concepción del proceso fundado sobre el insight verbal, va a dejar el paso a otra teoría de proceso fundada en el concepto del “sí mismo” que marca una clara mirada fenomenológica.

Gendlin investigó junto al grupo de Carl Rogers, los procesos de terapia de pacientes normales y exitosos. Después de escuchar cientos de horas de terapia se dieron cuenta que ya en la primera sesión lograban predecir con un nivel de certeza altísimo quienes iban a tener éxito. Además comprobaron que no tenía que ver con el tipo de terapia, tampoco con el terapeuta, sino más bien con cierta forma de hablar del cliente cuando éste se refería a sí mismo y a su problemas. Captaron que los clientes a quienes predecían éxito al hablar de sus problemas con especificidad y comunicando la implicación personal que éste tenía, expresaban sus sentimientos no sólo pasados sino también los que se iban produciendo al hablar con el terapeuta. Era un discurso lento, íntimo, parecía que iban descubriendo detalles nuevos y tendían a relacionarlos con otros aspectos de su vida. En el polo opuesto el contenido se trataba de modo impersonal, abstracto, general y superficial. Es un discurso más rápido y que parece bastante conocido, incluso repetitivo. La profundización de estas diferencias les hace comprender que responde al modo en que la persona se acerca a sí mismo. A partir de esto su gran esfuerzo consistió en comprender a qué fuente interior recurrían estos clientes exitosos para así poder facilitar a los otros pacientes menos hábiles este tipo de contacto. Estos hallazgos fueron también claves en el establecimiento de su teoría del “experiencing”.

Estas investigaciones y los problemas o debilidades que se fueron advirtiendo en relación a los esfuerzos teóricos realizados fueron dando paso a la tercera etapa conocida como etapa experiencial y cuyo comienzo Hart (1970) lo sitúa en el año 1957.
Los cambios apuntan al hecho que el terapeuta ya cuenta con un amplio rango de conductas para expresar sus actitudes y que el centro de atención es el experienciar del cliente. Este concepto experienciar fue utilizado por primera vez en 1955 por Gendlin y Zimring, aludiendo a un proceso subjetivo de referencia interna que va a ser el concepto central de su teoría.

De este modo el concepto de experiencing afecta a la teoría de la terapia Rogeriana y su importancia es recogida explícitamente por Rogers (1980)en su artículo Significant Trends in the client-centered orientation. Más específicamente reconoce su valor para reconceptualizar el concepto de congruencia el cual presentaba hasta ahora problemas teóricos importantes dado que no podía concebirse sin salir de la fenomenología una congruencia entre el sí mismo y la experiencia que por definición no era consciente y por tanto inaccesible a la fenomenología. En este sentido en el mencionado artículo señala que Gendlin ha usado este constructo para dar una definición más profunda de la congruencia y añade que la congruencia no es una conciencia de todas las experiencia como un ciempiés que se hace autoconsciente de todas sus patas, sino que se trata de la conciencia de su propio experiencing que contiene implícitamente todas las experiencias del individuo y por tanto es un guía digno de confianza.

Rogers también se apoya en concepto experiencig para precisar la separación entre conciencia e inconsciencia, considerando que esta teoría altera la línea de demarcación entre ambas y de este modo señala que el experiencing es un proceso de sentimientos en la conciencia, pero a esta conciencia frecuentemente le falta simbolización. Ahora bien en opinión de Gondra (1984) esta reformulación de la inconsciencia no parece haberla llevado hasta sus últimas consecuencias ya que no toma en cuenta las críticas hechas por Gendlin al concepto de subcepción 5. En términos generales este autor considera que Rogers parece no haber calado en lo profundo el pensamiento existencial de Gendlin y a pesar de que usa el término experiencing profusamente, no hace reformulaciones sustanciales a su teoría de la personalidad. Sin embargo su pensamiento se hace más dinámico y menos objetivo que en la etapa precedente, de este modo el concepto de sí mismo se formula de un modo más existencial pasando de ser entendido como objeto del campo perceptual de la persona, a ser la conciencia subjetiva y refleja del experiencing. Es decir, Rogers pasa de hablar sobre el como algo percibido a “algo sentido confiadamente como en proceso” (Rogers, 1958 pag. 89)


En síntesis, la llegada de Gendlin al equipo de Rogers, supuso una reflexión existencial a los planteamientos de la terapia y de la personalidad criticando fuertemente algunos, Gendlin (1962) critica este mecanismo porque supone la existencia de unas funciones cognitivas previas a la conciencia, las cuales serían como un duplicado de la misma, Suscita el problema del conocimiento inconsciente que antecede y duplica al consciente, puntos de ambas teorías. No obstante, como se señaló, la crítica más fuerte la hace con respecto a la teoría de la personalidad, su concepto de congruencia, al mecanismo de la subcepción, así como al énfasis que desarrolla en entender como las personas no cambian y no tanto en cómo se produce el cambio. Adjudica este problema, a lo que llama paradigma de la represión y paradigma del contenido6, es decir a supuestos que no se ponen en cuestionamiento. Con respecto a la teoría de la terapia cuestiona la suficiencia y necesidad de las condiciones básicas rogerianas, dando sin embargo más importancia al diálogo terapéutico. Específicamente, no acepta la hipótesis de que la mera percepción de las actitudes terapéuticas es condición necesaria y suficiente para la terapia, considerando que lo que origina el cambio no son estas percepciones sino el tipo de proceso que está ocurriendo (Gendlin 1970).

Ahora bien, rescata y enfatiza la Terapia centrada en el cliente como la línea base “sine qua non” ya que la base del trabajo experiencial va a ser “estar en contacto con el cliente, dónde está en cada momento”. Se requiere que el terapeuta este en contacto con lo que está pasando dentro del cliente. (Gendlin, 1980). Destaca asimismo la importancia del reflejo de sentimiento, comentando que incluso los terapeutas centrados en la persona no han logrado captar su importancia (Gendlin, 1974). Desde estas reformulaciones y con el apoyo de su fuerte formación fenomenológica existencial, Gendlin va a desarrollar una nueva teoría con independencia de la escuela Rogeriana en la que se formó como terapeuta, iniciándose así la psicoterapia experiencial (o existencial) propiamente tal.

 A este proceso de experienciar, que genuinamente ocurre de forma natural y espontánea en la persona cuando funciona desde su integración personal más saludable, se remite el procedimiento terapéutico básico del focusing, que en esencia consiste en promover un método estructurado, operativo y secuenciado de funcionamiento en la experienciación de las vivencias del individuo, de reconocimiento de sus significaciones y los movimientos a que se impulsan éstos últimos desde el propio cuerpo.

El Focusing es un proceso de toma de conciencia y de sanación emocional, orientado hacia el cuerpo. Se puede complementar con terapia Gestalt, Bioenergética, entre otras.

El procedimiento general del focusing queda explicitado en el "Manual de Focusing" (1969).
Los seis pasos, resumidos por Martin Siems son los siguientes:
1.-DESPEJAR UN ESPACIO
Procura, de la forma que mejor te vaya, crearte un buen espacio para tu experiencia interior, y percibirla con calma y tranquilidad. De momento, aparta todo lo que te pese, para que tengas espacio para ti como observador y vivenciador.

2.-FELT  SENSE
Elige un tema sobre el que te gustaría hacer Focusing. Puede ser un problema, una persona o una situación. También puedes convertir en tema algo no específico: «¿Cómo me siento en estos momentos? ».
Forma el felt sense para este tema. Siente tu zona del estómago y el pecho y mira la resonancia corporal que se crea. Permanece con esta sensación vaga e imprecisa, con este aura interno. Simplemente, estáte con ella y siente tu respiración.

3. ASIDERO
Encuentra un asidero para este felt sense. Puede ser una palabra, una imagen o una frase. Puede que a veces, al principio sea un gesto o un sonido, y que luego encuentres una frase o palabra. No le impongas un asidero a tu felt sense, sino espera con paciencia hasta que éste venga por sí solo.

4. RESONAR
Ve del asidero al felt sense y viceversa y comprueba si el asidero encaja realmente. Puede que surjan otras palabras e imágenes, y quizás también cambie el felt sense. Ve del uno al otro y escucha atento al felt sense.

5. PREGUNTAR
Plantéale a tu felt sense preguntas abiertas y espera, escuchando hacia dentro, las respuestas. Permite que las respuestas vengan sólo de tu cuerpo. Aparta las respuestas que vengan de la cabeza. Son buenas preguntas: «¿Qué es lo peor de todo ello?» y «¿Qué necesito para sentirme mejor?». Observa el alivio corporal que resulte de este diálogo interno.

6. ACEPTAR
Acoge con agradecimiento el cambio ocurrido en tu sensación corporal. Deja que resuene en tu cuerpo y aparta los intentos de tu cabeza de comenzar enseguida a analizar y razonar.

Después del paso 6 puedes continuar con Focusing, empezando de nuevo con el paso 2 o ampliar el paso 5 «Preguntar». Puedes seguir trabajando tanto como te lo permita tu tiempo o hasta que notes un alivio que te satisfaga. Puedes dedicarle en casa un tiempo más largo para trabajar contigo mismo o con problemas actuales; también puedes introducir pequeñas pausas en tu vida cotidiana, mirar hacia tu interior y ver qué pesares o problemas te están incordiando. Bastan 1-2 minutos, en los que crees un espacio y extraigas las cosas, para obtener mayor claridad y sensación fresca.


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